La verdad sobre los árboles: se comunican y se protegen entre sí

La verdad sobre los árboles: se comunican y se protegen entre sí

Este lunes la ecóloga de la Universidad de British Columbia, Suzanne Simard, participó en un seminario en Santiago, en el que dio a conocer los resultados de una interesante investigación en los bosques de Canadá, que comprueba que los árboles no sólo están conectados, sino que se comunican, se ayudan y se protegen entre sí. ¡Aquí todos los detalles!


Hace un tiempo les contábamos sobre Stefano Mancuso y sus investigaciones, pioneras en el estudio de la neurobiología vegetal, que han descubierto una serie de características en las plantas, entre ellas, que son seres inteligentes, que se comunican entre sí, se protegen y tienen memoria.

Hoy es otra investigación la que llama nuestra atención. Se trata del estudio realizado por Suzanne Simard, destacada ecóloga, quien este lunes dio una conferencia en el Centro de Innovación de la Universidad Católica.

Durante su investigación Simard descubrió algo fascinante: todos los árboles de un bosque están conectados entre sí formando un sistema en el que comparten información, se ayudan y se protegen ante posibles peligros.

Para llegar a esto, la ecóloga canadiense se dedicó a estudiar los bosques templados de Canadá y las secuencias de ADN de los árboles, y notó que todos los árboles del bosque, independiente de su especie, estaban conectados a través de una red subterránea de micorrizas –el resultado de la simbiosis entre un hongo (mycos) y las raíces (rhizos) de una planta–. A través de esta red, los árboles se traspasaban nutrientes y recursos como el nitrógeno, carbono, agua y fósforo, además de información.

Encontramos que todos los árboles estaban vinculados uno con otro bajo el suelo en este bosque, no había ningún árbol que no fuese parte de esta red“, detalló Simard, en la conferencia en la UC. “Hay una inteligencia, una sabiduría, una protección que se trasmite de una generación a la otra. Estas plantas están conectadas en el tiempo y en el espacio, y a través de las generaciones”.

Suzanne Simard.

Lo más interesante, es que durante su investigación también descubrió que los árboles cumplen diferentes roles en la comunidad vegetal:  los árboles más grandes y viejos son los que están más conectados con el resto y cuando germinan los árboles más jóvenes, o plántulas, les transfieren elementos vitales. “Pudimos concluir que los árboles más viejos estaban, de alguna forma, subsidiando a estas plántulas, transfiriéndoles una gran cantidad de recursos (…) Y eso se vio asociado con un aumento de su sobrevivencia y crecimiento”, señaló Simard.

Para la ecóloga, el bosque funciona como un sistema que se asemeja al de un solo organismo, en el que a través de esta red interconectada de individuos, hay recursos que se desplazan de manera regular. “Hay un intercambio constante, es una suerte de conversación, en que una planta le da a una y la otra le da de vuelta”, señaló y explicó que “cuando una de las plantas está afectada (atacada por una plaga, por ejemplo), la vecina le manda más agua o carbono, es decir, comparte sus recursos a través de la red con aquella que tiene esta necesidad. Hay un movimiento de la planta más rica a la más pobre (…) Los que están en los niveles más altos retroalimentan a los que están en los niveles más bajos”.

Un verdadero ejemplo de equilibro en la naturaleza, en el que además de compartir recursos también se alertan del peligro o amenazas presentes. Para comprobarlo, Suzanne realizó un experimento en el que estresó a algunos árboles y comprobó que sus vecinos activaron respuestas defensivas. “Estaba dañado el abeto y había una respuesta de defensa en un pino, que es de un género distinto, que regulaba sus genes de defensa, aumentaba la producción enzimática y se producía esta molécula de defensa”, explicó. Una respuesta ausente en aquellos árboles que no mantenían esta conexión a través de las microrrizas. Además, notó que los árboles “madre” –más grandes y viejos–, también tenían la capacidad de regular dónde preferían que estuvieran las plántulas, a mayor o menos distancia de ellos, en caso de haber algún peligro o enfermedad, por ejemplo.

Pero esta red interconectada que les proporciona equilibrio, también significa un gran peligro o vulnerabilidad para los bosques, ya que según Simard, si se llegaran a perder los árboles madre, toda la red podría colapsar. “Si perdemos estos árboles más viejos –por una sequía, lo ataca un escarabajo o los cortamos para hacer casas–, toda la red puede colapsar, porque son los nodos centrales (del sistema)“, señaló. Por lo mismo, enfatizó, deberíamos ser conscientes de su valor y la importancia de protegerlos.

Los invitamos a ver su charla TED, en la que cuenta más sobre cómo llegó a estudiar a los bosques y las plantas y lo que descubrió:

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