COP 23: el progreso hacia los compromisos de París y un planeta post-carbono

COP 23: el progreso hacia los compromisos de París y un planeta post-carbono

Nuestro colaborador Cristián Retamal, nos comparte una interesante columna de opinión en la que repasa los principales elementos discutidos durante la última Conferencia de las Partes (COP 23) de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático realizada en noviembre, en Alemania, y los avances que se han realizado desde la conformación del Acuerdo de París. ¡No se la pierdan, aquí!


Entre el 6 y 17 de noviembre pasado se desarrolló en Bonn, Alemania, la 23ª Conferencia de las Partes (COP 23) de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (UNFCCC por su sigla en inglés); aquel proceso de la ONU que en su cita vigésimo primera, en diciembre 2015 –COP 21,Francia- logró el anhelado Acuerdo de París. El mismo tratado que hizo noticia a nivel internacional este junio cuando la administración Trump anunció que EE.UU abandonaría el acuerdo, y posteriormente cuando un pre-candidato presidencial de Chile fue consultado en televisión respecto al tema y no supo qué decir.

Este 2017 se han cumplido 25 años desde que se constituyó la UNFCCC, y 20 años desde el Protocolo de Kioto acordado en 1997 en la COP 3. Ambos instrumentos apuntados en su génesis a estabilizar las concentraciones de gases de efecto invernadero (GEI) en la atmósfera. Tiempo suficiente entonces, para reflexionar sobre el progreso alcanzado a nivel global para hacer frente a los desafíos del cambio climático.

Mirando la situación en perspectiva, debemos notar que desde el origen del régimen UNFCCC en la década de 1990 a la fecha, las emisiones globales de GEI han aumentado al doble, y si bien en los tres últimos años las emisiones globales se han comenzado a estabilizar –producto de que están creciendo a menor tasa globalmente–, China, el mayor emisor global, ha seguido aumentando sus emisiones. Lo mismo India. Ambos países con grandes emisiones de GEI, aún no desarrollados, con más de mil millones de habitantes cada uno e importantes tasas de pobreza.

Similarmente, este año se han registrado temperaturas récord en muchas latitudes, así como también tormentas tropicales de intensidades sin precedentes que han generado emergencias y pérdidas importantes en EE.UU y el Caribe en los meses recientes. Esta es la evidencia de los cambios en el sistema climático del planeta.

Entonces, ¿en qué están los esfuerzos para hacer frente al cambio climático?

Después de la COP 21 y el Acuerdo de París (al cual me referí aquí en LS en una columna anterior) los Estados y sus delegaciones negociadoras han seguido trabajando para redactar su manual de implementación. De forma simplificada, el Acuerdo de París (llamémosle AP para facilidad), dice el qué harán los países en conjunto para enfrentar el desafío climático, pero no detalla el cómo.

En ese contexto, hay varios temas del AP que requieren aún ser desarrollados en detalle, y tal vez lo fundamental en esta discusión es la ya casi atávica negociación sobre financiamiento. Dicho dilema versa originalmente así: si los países industrializados –léase también países desarrollados– son los responsables históricos del grueso del aumento de las concentraciones de GEI en la atmósfera, entonces son éstos los que tienen el deber ético de apoyar a los países en vías de desarrollo a lograr las transformaciones que les hagan posible un desarrollo compatible con el clima. Esto es, desarrollarse con cada vez menos emisiones de GEI, y ciertamente adaptarse al cambio climático que ya nos aflige.

En ese marco, el AP ofrece varios mecanismos y medidas para ayudar a financiar el desarrollo compatible con el clima en el mundo en desarrollo, pero el cómo fluye ese financiamiento desde los países desarrollados y para qué específicamente fluye, aún no alcanza consenso en el proceso UNFCCC. Este fue –una vez más-  un tema clave en la discusión en la reciente cita en Bonn durante la COP 23.

Sucede que para muchos países lo señalado en el AP respecto a financiamiento significa, básicamente, el flujo de inversión desde el sector privado hacia las economías en desarrollo, facilitado por políticas nacionales, la gobernanza internacional y los instrumentos que ponen precio a la externalidad negativa que origina las emisiones de GEI (impuestos o sistemas de transacción de emisiones).

En tanto que para otros países el tema del financiamiento es visto como una transferencia concreta y directa de recursos desde las arcas fiscales de países desarrollados hacia Estados de países en vías de desarrollo. He aquí entonces una diferencia ideológica fundamental –y muy sensible– entre los enfoques liberales pro-mercado, y los anti-mercado herederos de las ideas de Karl Marx. Pero lo bueno es que uno de los valores fundamentales del sistema de Naciones Unidas es el respeto por la diversidad. Finalmente lo que se discute aquí es el rol del sector privado –y la inversión extranjera– en los esfuerzos para hacer frente al cambio climático.

Sin embargo,  más allá del panorama algo mustio por el aumento de las emisiones globales de GEI, la mayor intensidad y frecuencia de eventos climáticos extremos, sumados a la compleja –y extenuante– discusión sobre de dónde viene y cómo se transfiere el financiamiento,  han habido avances importantes a nivel global hacia el logro de los objetivos del AP. Por nombrar algunos:

  • El cambio climático es hoy un tema de discusión en las más altas esferas políticas, y quienes niegan los desafíos asociados a este fenómeno, son la herejía de nuestros tiempos. Como ejemplo se puede decir que el Papa Francisco formuló la encíclica ‘Laudato Si’ en donde critica el desarrollo económico irresponsable y lamenta la degradación de los ecosistemas naturales a nivel global así como también el Calentamiento Global. En Chile en tanto, desde noviembre de 2017 tenemos una Comisión Asesora Presidencial Permanente de Cambio Climático.
  • Las selectas cofradías de la disciplina económica internacional han logrado sintonizar con el problema climático y han logrado que aproximadamente 30% de las emisiones globales de GEI estén cubiertas por algún tipo de instrumento de precio al carbono. El problema es que, en general a nivel global, el precio que se está pagando por esta externalidad está muy por debajo de aquel que logrará la transformación de comportamiento que buscaba Arthur Pigou con sus propuestas en la primera mitad del siglo XX. Pero bueno, existe acuerdo en que la externalidad negativa debe tener precio, lo que debiera llevar a converger al precio óptimo. En Chile tenemos un impuesto de USD 5 por tonelada de CO2 que ciertas empresas pagan desde enero pasado.
  • Las tecnologías de energía renovable han logrado penetración y son hoy competitivas. Buen ejemplo de eso es Chile, como dice Al Gore.
  • Cada vez es una práctica más común monitorear las emisiones de GEI, ya sea en la dimensión territorial (o de jurisdicciones) mediante inventarios de emisiones de GEI, o bien en la dimensión corporativa mediante la cada vez más conocida ‘huella de carbono’.

De este modo, si bien el listado anterior no es completo, ejemplifica el progreso hacia un mundo post-carbono que deja atrás los combustibles fósiles. Existe entonces un momentum a nivel global, ya sea mediante los esfuerzos originados en el proceso UNFCCC y/u otras plataformas.

Volviendo a la COP 23, los elementos más destacables de esta cita en Bonn fueron:

  • El consenso de los países sobre la necesidad actuar con más ambición en el período pre-2020 (ese año es cuando comienza a regir el AP). Para ello se creó el Diálogo de Talanoa.
  • El progreso en el empoderamiento social de actores vulnerables al cambio climático, al adoptarse el Plan de Acción de Género que destaca la relevancia femenina en la acción climática; y al operacionalizarse también de la Plataforma de Pueblos Indígenas.
  • El lanzamiento de la alianza Powering Past Coal Alliance liderada por Canadá y el Reino Unido –e integrada por más de 20 países–, para dejar atrás el carbón como fuente energética. Alianza de la cual Chile aún no es parte.
  • La participación de la coalición We Are Still In, conformada por actores privados y gobiernos sub-nacionales de EE.UU, en reacción a la administración Trump que ha decidido sacar a ese país del AP.

En tanto, en lo que respecta al Acuerdo de París y su ‘conjunto de reglas procedimentales’, en 2018 los negociadores de los países seguirán viéndose desafiados a poner en papel el cómo implementar los compromisos del acuerdo. Primero a mediados de año en Bonn (nuevamente), y luego a fines de 2018 durante la COP 24, que tendrá sede esta vez en Katowice, Polonia.

Se supone que dicho conjunto de regalas debiera estar finalizado al termino de la COP 24, así lo han acordado las mismas partes de UNFCCC. Pero es muy probable que esto no suceda. Quedan muchas cosas aún por definir. Lo importante es que mirando las cosas en perspectiva, el planeta ya va en una trayectoria de descarbonización, para ir dejando atrás la era de los hidrocarburos. Ahora, si se logran las metas y compromisos de París en los tiempos establecidos, ese es otro tema.

Si quieres contactar a Cristián, puedes escribirle a [email protected]

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