Por qué la catástrofe de Chañaral era predecible

Por qué la catástrofe de Chañaral era predecible

Nuestro colaborador Francisco Godoy fue una de las personas a cargo del Master Plan de planificación urbana que se encargó hacer luego de la catástrofe de marzo de 2015 en Chañaral. Hoy nos trae una columna donde nos explica cuáles eran los principales riesgos que ellos identificaron en la ciudad y por qué era de esperarse que con otro frente de intensas lluvias como las que hubo este fin de semana, ocurriera otro desastre.


Hace algún tiempo atrás presenté en Ladera Sur, el Plan Maestro de Chañaral. Proyecto al cual fuimos invitados pocos meses después de la catástrofe de marzo del 2015, para participar de la ejecución de una nueva carta de navegación y dirigir la inversión urbana de la comuna de Chañaral. A través de un significativo proceso de participación ciudadana y 6 meses de arduo trabajo, se desarrollaron soluciones concretas para 4 áreas principales: Crecimiento Urbano, Movilidad, Riesgos geográficos y Áreas Verdes.

Este plan desarrolló en extenso el tema de los riesgos y la emergencia, no solamente por el actual contexto de cambio climático, sino que por la situación geográfica de la ciudad de Chañaral. Se identificaron 4 riesgos principales en la ciudad que son:

1.- Inundación por efecto de la ocupación del cauce del río Salado. Gran parte de la zona urbana se encuentra ubicada en el área de descarga de la cuenca del río Salado, una de las cuencas más grandes de Chile.

A pesar de que actualmente el cauce está desviado hacia el lado norte de la ciudad, para poder seguir descartando desechos mineros ahora sobre el Parque Nacional Pan de Azúcar, este fin de semana bajó una ola de 2 m aprox. por el cauce natural, inundando gran parte del equipamiento de la ciudad. La ciudadanía viene exigiendo hace décadas la canalización y ejecución de piscinas decantadoras en el cauce del río, que puedan reducir el impacto de éste sobre la ciudad en episodios de fuertes precipitaciones.

©Nicolás Irarrázaval

2.- Dos quebradas mayores de activación recurrente, como son las quebradas de Conchuelas y El Cabrito. Estas dos quebradas se activaron este fin de semana inundando y arrasando varias casas de la parte alta de Chañaral. A pesar de existir algunas obras de mitigación en estas quebradas, éstas no son suficientes y los problemas de este fin de semana, son la confirmación de esto.

3.- Existe una gran cantidad de sedimentos en los cerros de la ciudad los cuales pueden provocar remociones en masa. Estos sedimentos provienen de relaves mineros vertidos a la playa de Chañaral y que terminan en los cerros por la acción del viento. Este fin de semana fueron arrastrados por el agua formando un aluvión que dividió la ciudad en dos partes.

©Nicolás Irarrázaval

4.- Exposición a Tsunamis producto de su relación topográfica con respecto al océano Pacífico. Toda la zona comercial de la ciudad ubicada bajo la cota 10 s.n.m.m., se encuentra expuesta a este riesgo.

Hoy después de más de 2 años vemos como la ciudad vuelve a verse afectada y las tristes imágenes de una ciudad destruida, dividida e inundada vuelven a aparecer como un mal chiste repetido. 150 casas arrasadas, 2.000 damnificados, 40.300 casas sin suministro de agua y más de 9.000 clientes sin luz eléctrica son las cifras no oficiales de esta nueva advertencia de la naturaleza.

Lamentablemente de nuestro Plan Maestro nada se ha concretado. Esto, producto de la falta de voluntades políticas, ineficiencias o quizás por el solo hecho de la existencia de otras prioridades regionales. Vimos en terreno la deficiencia de las obras de mitigación planteadas como provisorias, que terminaron siendo definitivas y la incapacidad de buscar un objetivo común entre políticos que hoy aparecen en los medios ofreciendo soluciones que nunca fueron capaces de consolidar. En este contexto, lo más lamentable es que los únicos damnificados siguen siendo los habitantes de Chañaral.

Es de esperar que alguna vez aprendamos a convivir con la naturaleza de nuestro territorio. Que dejen de sobrar ideas y veamos más obras, y que para nuestras ciudades la geografía, el clima y el paisaje, dejen de ser un riesgo y comiencen a ser una virtud.

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